Niña tonta, no mueras.
Paola trataba de calmarse, al menos no escuchaba disparos ni aullidos, pero había pasado mucho desde que Lioran se había ido.
El sueño se apoderó de ella, la preocupación no la dejaba dormir, pero el cansancio la apagaba.
Entonces sintió una caricia ligera en la mejilla, abrió los ojos.
—Lioran, por fin regresaste. —Paola se le fue encima y él rodó en la cama para que ella quedara sobre él.
Paola sabía que debía levantarse, pero él le había hecho falta.
—Te dije que me avisaras.
—Perdón, estaba