Un capuchino y una tentación.
Leo salió de la casa de Ester hecho una furia, sintiendo que el suelo bajo sus pies temblaba de rabia que lo consumía.
Derek lo había humillado. Scarlet lo había enfrentado.
Y lo peor de todo era que ya no tenía control sobre ella.
Antes, manejarla era tan fácil como respirar. Le bastaba una palabra, una mirada, y Scarlet obedecía como si su voluntad no existiera, como si su voz fuera ley.
Ahora, ni siquiera sabía en qué momento todo había cambiado.
Ella ya no lo miraba igual. Ya no temblaba an