El beso que no fue.

Derek sonrió, pero esa sonrisa no era dulce, sino peligrosa.

—Lo acabo de decir, lunita. Vine a saludar a mi suegra.

—¿Tu suegra? —repitió Scarlet, desconcertada.

—¿Y tú quién te crees que eres para llamar así a mi suegra? —recalcó Leo, resabiando por dentro al ver a Derek allí, pues no se lo esperaba.

—Sí, muchacho, no soy tu suegra. Leo es el prometido de Scarlet.

#¡La madre de nuestra luna debe respetarnos! ¡Mira cómo nos habla! ¡Hazla inclinar la cabeza!# gruñó Yeho, herido en su orgullo.

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