Mujer envidiosa.
Un día después
Scarlet se quedó mirando la entrada del Club Dali con incredulidad y nervios. Pero ahí estaba, aferrada a la mano de Derek, a punto de cruzar el umbral.
—Debí haberle pedido a Lioran con tiempo que no usara este club para la celebración —murmuró Derek, notando su tensión.
Scarlet agitó la cabeza, como quien ahuyenta un recuerdo molesto.
—¿Lo dices por mí? Descuida. Realmente no me afecta… mucho —dijo, encogiéndose de hombros con naturalidad, mientras tiraba suavemente de su brazo