Gemidos en la terraza.
—No te me escapes con besos, Derek —susurró, con una sonrisa torcida que era mitad desafío, mitad rendición.
—Aún sigo incómoda —agregó Scarlet, bajándose por sí sola de la repisa y caminando hacia la recámara con los brazos cruzados y la cabeza en alto, como si su dignidad pudiera tapar el calor que ardía en su piel.
#Ya no estás enojada, humana mentirosa. No le hagas maldad a mi alfa, es muy lindo, no merece quedarse con las ganas#, protestó Nyx en su mente, con voz de cachorrita malcriada.
#