El precio de menospreciar.
Claudia palideció y parpadeó como si le hubieran lanzado agua helada al rostro.
Se volvió hacia Scarlet, con los ojos como platos.
—¿Señora… dice que esta mujer es su nuera? —preguntó, señalando a Scarlet como si hubiera descubierto a un fantasma.
Ana asintió sin perder la sonrisa.
—Así es. Y mucho cuidado con cómo la señalas… esos dedos acusadores se te pueden romper.
—¡Scarlet! ¡No puedo creer lo que acabo de descubrir! —exclamó Claudia con fingida indignación, llevándose una mano al pecho co