El placer como venganza.
Las palabras de Derek seguían retumbando dentro de la mente de Zhana.
Ni siquiera mientras cambiaba el vendaje de su herida podía evitar cuestionarse: «¿De verdad voy a darle una oportunidad a Reiden?»
Ella, que desde adolescente se había jurado jamás permitir que un hombre la menospreciara, humillara o pisoteara, pensó: «Si lo hago, ¿cómo podré evitar que él vea en esto un triunfo en vez de una lección?»
Tan pronto terminó, corrió a la sala y se asomó a la ventana. Ya era de noche y, para su