El alfa reclama su lugar.
Derek asintió con seriedad.
—Los hombres lobo, o como ustedes nos llaman, bestias, tenemos parejas destinadas —explicó sin rodeos, aunque sin revelarle demasiado —. Scarlet… es mía. Mi lunita. Pero si me rechaza… perderé la única oportunidad de tenerla. Y no puedo permitírmelo.
Zhana lo miró boquiabierta, como si acabara de ver un unicornio lanzando rayos láser.
—¡¿Tu lunita?! ¿Scarlet?
Él volvió a asentir, tenso, con los ojos oscuros como tormenta contenida.
Zhana se llevó una mano al pecho, e