Algo no cuadra.
Scarlet salía del hospital con el corazón hecho trizas y la mente convertida en un torbellino. Lloraba sin parar, con la respiración entrecortada y la vista empañada, cuando, de pronto, sintió una mano posarse en su hombro.
Se giró de inmediato, con el pecho agitado, esperando—y deseando—que fuera el padre de Derek. Aún albergaba la loca esperanza de que todo hubiera sido una prueba, una de esas crueles “evaluaciones” para comprobar si era digna de ser la nuera de los Laurent.
Pero no.
Frente a