46. Ya has perdido.
Desde mi posición en el despacho privado, puedo oír cómo la situación abajo se transforma de euforia en puro pánico. Los guardias de Vicente corren de un lado a otro, desorientados, sin saber si enfrentarse a las autoridades o huir. Y Vicente… oh, Vicente. Puedo imaginarme su rostro en este momento: una mezcla de furia y desconcierto. Su mente, siempre fría y calculadora, intentando procesar lo imposible. Esto no puede estar ocurriendo, no a él. Pero sí, esto está ocurriendo.
Me asomo un poco p