162. Ya no hay tiempo...
El sonido de la bala se escucha antes de que pueda procesar lo que está pasando. Es como si el tiempo se congelara. Mi grito queda atrapado en el aire, mientras veo cómo todo a mi alrededor se desmorona. El impacto del proyectil golpea a Vicente justo en el costado, un estallido sordo que reverbera en mis oídos como si todo el mundo se hubiera quedado en silencio, solo con ese maldito sonido flotando en el aire.
—¡Vicente! —grito de nuevo, esta vez con más desesperación, pero mi voz se quiebra.