160. Otros negocios.
El camino por delante parece interminable, y una sensación de inevitabilidad me oprime el pecho. No sé cómo saldremos de esto, pero sé que, de alguna manera, todo está a punto de explotar. Y cuando lo haga, no habrá lugar donde escondernos.
De repente, suena el celular de Vicente, rompiendo la tensa calma. Lo saca del bolsillo y frunce el ceño al ver quién llama.
—Es uno de mis hombres, —me informa, y aunque su tono parece casual, sé que no lo es. Se lleva el celular al oído, con esa actitud de