161. ¡Corre!
Me arrepiento de la pregunta en cuanto las palabras salen de mi boca. Pero no puedo evitarlo. Mi cabeza está a punto de explotar de tantas dudas, y mi corazón no está mejor.
Vicente me lanza una mirada rápida, y por un segundo creo ver dolor en sus ojos, pero se desvanece antes de que pueda confirmarlo. Vuelve a concentrarse en la carretera.
—Tú siempre fuiste lo único real, —murmura, apenas audible. Sus palabras son como una bofetada suave, inesperada, pero no menos intensa. Me dejan sin aire,