47. Esta historia no ha terminado.
El ruido de las sirenas se intensifica fuera. Los gritos de la policía y el caos abajo nos envuelven, pero aquí, en este pequeño despacho, solo estamos él y yo, en el último acto de nuestra guerra privada.
Vicente me mira con una intensidad asesina. Sé que en su mente está planeando mil maneras de matarme, si pudiera. Pero no puede. No ahora. No así.
—Dime algo, Vicente —le digo, inclinándome un poco hacia él—. ¿Realmente pensaste que podías controlarme para siempre? ¿Que siempre estaría bailan