Mundo de ficçãoIniciar sessãoNunca creí en cuentos de hadas, mucho menos en finales felices. Mi mundo es un cabaret, donde las luces son fugaces, los aplausos son vacíos, y los hombres no ven más allá de mis piernas. Todo lo que quiero es lo que puedo contar: billetes, joyas, lujos. El amor, si es que existe, no paga las cuentas. Pero entonces llegó Vicente "el Toro" Mendoza. Alto, oscuro, peligroso... y completamente obsesionado conmigo. Dice que me quiere, que soy suya. Lo dice con esa voz que podría convencer a una tormenta de detenerse y con esos ojos que me prometen el mundo, aunque sé que ese mundo está teñido de sangre. No puedo negar que me atrae, que me quema con cada mirada y me desarma con cada toque. Pero su amor no es normal; es salvaje, posesivo, capaz de derribar a cualquiera que se interponga. Y yo, con toda mi indiferencia, he aprendido a temerle tanto como desearle. ¿Quién gana cuando un depredador se enamora de una mujer que se niega a ser su presa? ¿Cuánto puedo resistir antes de que su pasión me consuma por completo? En este juego de poder, secretos y deseo, solo sé una cosa: si Vicente Mendoza me ama, eso podría ser mi ruina… o mi salvación.
Ler maisEl sol apenas comienza a despuntar en el horizonte cuando me alejo de esa casa, sintiendo el frío en la piel, pero sobre todo en el corazón. El peso de la noche anterior sigue aplastándome, pero sigo caminando. No sé hacia dónde, solo sé que no puedo quedarme ahí, en ese lugar que se ha convertido en un cementerio de todo lo que solía ser.La vida sigue, como siempre, con o sin Vicente. Pero para mí, la vida dejó de tener sentido en el momento en que su pecho dejó de moverse bajo mis manos.Sigo caminando durante horas, hasta que mis pies ya no pueden más, hasta que el dolor en mis piernas es lo único que siento. Me encuentro en la mitad de la nada, una carretera desierta que se extiende ante mí como una promesa de olvido. Tal vez, si sigo caminando, el dolor eventualmente se desvanecerá.Pero entonces, un sonido rompe el silencio. El motor de un coche que se aproxima desde la distancia. No le presto atención. No me importa quién sea.Sin embargo, el coche desacelera a mi lado, y cuan
Mi corazón se detiene por un momento. Vicente, el hombre que siempre se escondió detrás de una fachada de frialdad, que nunca dejó ver lo que realmente sentía, acaba de decirme lo que más temía y deseaba escuchar al mismo tiempo.—No, no me digas eso ahora, —le susurro, negando con la cabeza mientras las lágrimas empiezan a correr por mis mejillas. No quiero que esto sea una despedida. No puede serlo.Pero él me mira con esos ojos oscuros y profundos, y sé que, aunque intente negarlo, esta es nuestra despedida. Esos tres pequeños segundos de sinceridad antes de que todo desaparezca.El coche se detiene de golpe, y los hombres de Luca abren la puerta de inmediato, listos para sacar a Vicente y llevarlo adentro. Pero sé que es inútil. Ellos también lo saben, aunque se aferran a esa esperanza vana que acompaña a todo ser humano en estos momentos críticos.—¡Rápido, llévenlo adentro! —grita Luca, pero yo no puedo moverme. Mis manos siguen aferradas a Vicente, como si dejarlo ir fuera equi
Luca corre hacia mí, sus movimientos rápidos y calculados, como siempre lo ha sido en la vida de Vicente. El tipo que nunca ha mostrado una pizca de emoción, pero esta vez sus ojos están llenos de algo que no había visto antes: urgencia.—Tenemos que sacarlo de aquí, Valeria, —me dice con dureza, pero veo la duda en sus ojos. Sabe lo que yo ya sé, aunque no quiero aceptarlo.—Llévalo al coche. —Luca da la orden y sus hombres levantan a Vicente con cuidado. Lo veo desvanecerse en sus brazos, sus ojos cerrados, su rostro pálido.Subimos al coche con él, y mis manos no lo sueltan ni por un segundo. La sensación de su sangre tibia en mis dedos me quema, como si cada gota que pierde fuera una parte de mi alma que se va con él.—Aguanta, Vicente. —Mis palabras son más para mí que para él. Mi corazón late con la desesperación de saber que el hombre que me ha protegido, el que me ha hecho sentir tantas cosas a la vez, se está apagando.—Llévenlo al refugio, rápido. —Luca ordena a los demás, y
El sonido de la bala se escucha antes de que pueda procesar lo que está pasando. Es como si el tiempo se congelara. Mi grito queda atrapado en el aire, mientras veo cómo todo a mi alrededor se desmorona. El impacto del proyectil golpea a Vicente justo en el costado, un estallido sordo que reverbera en mis oídos como si todo el mundo se hubiera quedado en silencio, solo con ese maldito sonido flotando en el aire.—¡Vicente! —grito de nuevo, esta vez con más desesperación, pero mi voz se quiebra.Vicente se tambalea, pero se mantiene en pie. Sus ojos me buscan mientras su mano se aferra a la herida, intentando contener la sangre que se escapa, pero lo veo—sé que está perdiendo la lucha contra el dolor.—Corre, Valeria..., —murmura, su voz apenas un susurro entre disparos y caos. Pero no me muevo. No puedo.Mi cuerpo se niega a obedecer esa orden. Todo lo que quiero hacer es correr hacia él. Puedo ver la sangre manchando su camisa, esa maldita sangre que no para de brotar. Mi corazón se
Último capítulo