8. Perdedor
Carlos
El mundo parecía estar inclinado. Los focos, la música, las caras sonrientes de los invitados... Todo se convirtió en un infierno silencioso, igual que las pesadillas que me habían despertado esa mañana.
Apreté las manos, agarrándome la tela de la chaqueta del traje, que ahora me parecía un grillete. Quería subir al escenario, agarrarlo y obligarlo a retirar cada una de las palabras insultantes que acababa de pronunciar. Pero mis pies estaban clavados al suelo por una fuerza invisible: e