La tormenta llevaba días gestándose dentro de Olivia. Tres días exactos desde la reunión de la junta. Tres días desde que Alexander le dio a Isabella un equipo "paralelo". Tres días de silencio gélido en el ático que solía ser su refugio y ahora se sentía como una celda.
Cada mañana, despertaba esperando que algo hubiera cambiado. Que Alexander entrara a su habitación y dijera "lo siento". Que reconociera que había cometido un error. Que eligiera, por una vez, claramente.
Pero cada mañana era lo mismo.
Lo encontraba en la cocina, leyendo el Financial Times, tomando su café negro. Le decía "buenos días" con esa cortesía profesional que la hacía querer romper cosas. Él respondía con un asentimiento, sin levantar la vista.
En la oficina, era peor.
Pasaban horas en las mismas reuniones, a veces sentados uno al lado del otro, y él no la tocaba. Ni siquiera accidentalmente. Si sus manos se rozaban al pasar documentos, él retiraba la suya como si la hubiera quemado. Si sus miradas se encontr