El ático estaba en silencio. Demasiado silencio.
Olivia no podía soportar la quietud. Cada rincón parecía gritar el fracaso de la reunión. Las palabras de Alexander. La sonrisa victoriosa de Isabella. La sensación de que su trabajo, su valor, había sido puesto en una balanza y pesado contra un fantasma.
Sus pies la llevaron al final del pasillo, a la puerta de madera oscura. La biblioteca.
Entró sin hacer ruido.
El olor la envolvió: cuero viejo, papel, y ese aroma a Alexander que siempre impreg