El silencio después de la confrontación era más elocuente que cualquier palabra. Alexander y Olivia permanecían frente a frente en el estudio, separados por apenas dos metros que de repente parecían un abismo insondable.
Ella respiraba entrecortadamente. Las lágrimas que había contenido durante semanas brillaban en sus ojos, pero no caían. Se negaba a dejarlas caer, a mostrar esa última vulnerabilidad.
Él estaba inmóvil, su postura rígida como la de un soldado en el frente de batalla. Pero Oliv