El elogio de Eleanor Pembroke en la junta directiva actuó como un sello de aprobación final, no solo para el proyecto de Boston, sino para la propia Olivia. Ya no era la "esposa con una idea interesante"; era la arquitecta de un éxito tangible, una ejecutiva cuya capacidad de ejecución había sido validada por una de las voces más conservadoras y respetadas del consejo. Alexander, siendo el estratega supremo que era, no desperdició tal activo.
Los cambios comenzaron de forma sutil. Una mañana, e