El secreto duró exactamente seis días.
No fue por un descuido ni una confesión. Fue por Eleanor Pembroke y su mirada de halcón, entrenada por décadas en salas de juntas para detectar la más mínima debilidad, el más sutil cambio en la energía.
Fue durante una cena de trabajo con inversores clave de Europa. Olivia, magistral como siempre, lideraba la conversación sobre la expansión sostenible. Pero cuando el camarero sirvió el vino, ella cubrió su copa con una mano discreta. "Agua para mí, gracia