La luna de miel fue una larga semana en una cabaña remota en Vermont, sin internet, sin teléfonos, solo nieve, una chimenea y la compañía de Emma —quien declaró que las lunas de miel con niños eran las mejores—. El mundo exterior, con sus demandas y sus miradas, se sintió a años luz.
Al regresar a la ciudad, la realidad los recibió con un portazo. No fue la prensa financiera la que dio el primer golpe, sino una revista de farándula de bajo coste, Gossip Pulse, famosa por sus titulares escandalo