El momento llegó un sábado por la mañana. La luz del invierno entraba clara por las ventanas del apartamento. Olivia había preparado panqueques con forma de dinosaurio. El olor a canela llenaba el aire.
Emma estaba en su trono, concentrada en hacer un lago de sirope en su plato. Alexander y Olivia se sentaron frente a ella. Se miraron. Habían practicado esto, pero ahora las palabras se les atascaban.
— Emma — empezó Alexander, poniéndose serio. — Mamá y yo tenemos algo muy importante que contar