La primavera llegó con un estallido de cerezos en flor y un calor prematuro. La fecha probable de parto de Olivia había pasado hacía tres días. La paciencia de todos estaba por los suelos, especialmente la de Emma, que preguntaba cada mañana si "hoy era el día del bebé".
El día llegó al amanecer. No con gritos dramáticos, sino con una contracción sorda y profunda que despertó a Olivia de un sueño ligero. Puso la mano sobre su vientre enorme y supo. Esperó una hora, cronometrando el espacio entr