El dolor era una compañía pesada. Lo acompañó mientras caminaba sin rumbo. Lo siguió hasta que sus piernas, débiles y temblorosas, ya no pudieron más.
Se encontró en un parque diferente. Más pequeño. Más oscuro. Sin areneros. Sin columpios. Solo bancos vacíos bajo farolas de luz anaranjada. Un lugar para gente que no tiene a dónde ir. O que no quiere ir a casa.
Se dejó caer en un banco. La madera fría y húmeda le traspasó los pantalones. No le importó. El frío exterior era un eco del frío que t