La ira de Alexander era un motor silencioso que lo impulsó por las calles de Nueva York. No condujo a casa. Condujo a la oficina de Eleanor Pembroke, ubicada en un discreto edificio de piedra caliza en el Upper East Side, lejos de los rascacielos de cristal de Vance Enterprises.
Eleanor lo esperaba en su estudio privado, una habitación acogedora con estanterías de roble y el leve aroma a libros antiguos y café turco. Al verlo entrar, supo de inmediato que algo fundamental había cambiado. No era