El apartamento de Olivia olía a pollo asado y hierbas, un aroma reconfortante que chocaba brutalmente con la energía cargada que Alexander traía consigo desde la calle. Al abrir la puerta, lo recibió el sonido de la televisión en el salón – algún programa infantil con colores brillantes y canciones alegres – y la voz de Emma canturreando desde la cocina.
Olivia estaba de pie frente a la estufa, removiendo una salsa con movimientos precisos. Al oírlo entrar, no se volvió de inmediato. Su espalda