La decisión tomada, la acción fue lo siguiente. Alexander no era un hombre de espera pasiva. Su mente necesitaba datos. Necesitaba certezas, por mínimas que fueran. Y sobre todo, necesitaba saber que estaban a salvo.
Pero no podía investigar él mismo. Era demasiado grande. Demasiado visible. Y el riesgo de ser visto por Olivia era inaceptable.
Así que, al día siguiente, hizo una llamada. No desde su teléfono personal. Desde un servicio encriptado que usaba para su trabajo de consultor anónimo.