Charles no fue a la oficina de Alexander. Fue al ático.
Consideró que era simbólico. Atacar al rey no en su trono corporativo, sino en su fortaleza personal. Allí donde la farsa había vivido.
Llegó sin anunciarse. No tenía llave. Pero tenía autoridad. Llamó al interfono. Una vez. Dos veces.
Alexander no respondió.
Charles llamó al administrador del edificio. Un hombre asalariado que sabía quién pagaba las cuotas de mantenimiento más altas de la torre.
—Es Charles Vance. Necesito entrar al ático