El Airbus A330 de Alitalia aterrizó en el JFK proveniente de Roma. Isabella Rossi desfiló por la terminal con la elegancia de quien reclama un territorio. Había pasado diez días en Italia, pero no en Milán. Estuvo en Roma, tejiendo su red de contactos para la expansión europea de Rossi Ventures. Lejos, pero no desconectada.
Su teléfono había vibrado constantemente con actualizaciones. De su equipo. De contactos en la banca milanesa. Y, más interesante, de ciertos miembros del equipo italiano de