La transformación fue inmediata y glacial.
Al día siguiente, Isabella llegó puntual a las 9:00 AM para la reunión de coordinación. Entró a la sala de juntas del piso 42 con la precisión de un metrónomo. Traje pantalón gris perla. Camisa blanca impecable. Cabello recogido en un moño severo. Ni una joya excepto un reloj Cartier de acero. El mensaje era claro: esto era negocio. Puro, duro, desinfectado de cualquier reminiscencia personal.
—Alexander —saludó con un asentimiento breve, como a un col