El viernes llegó con un cielo gris que prometía lluvia. Perfecto, pensó Olivia mientras miraba por la ventana del ático. El clima coincidía con su estado de ánimo.
Alexander ya estaba listo cuando ella bajó con su maleta. Llevaba un traje gris oscuro, impecable como siempre, pero había algo en su postura que parecía... tenso. Como si también estuviera anticipando los próximos días con algo más que entusiasmo profesional.
—El coche está abajo —dijo él, su voz neutra.
Olivia asintió. No había nada más que decir.
El viaje al aeropuerto fue igual de silencioso. Olivia miraba por la ventana, viendo cómo la ciudad pasaba en un desfile de grises y cristal. Alexander revisaba documentos en su tableta. Dos extraños compartiendo un espacio reducido.
Cuando llegaron al hangar privado, el jet ya estaba listo. Blanco, elegante, con el logo discreto de Vance Enterprises en la cola. Olivia había volado en él antes, por supuesto. Para eventos. Para apariencias.
Nunca para algo que se sintiera como es