La casa grande de los Beltrán había quedado sumida en un silencio incómodo después del escándalo.
Las luces del salón seguían encendidas, pero nadie hablaba demasiado. Cada uno parecía procesar lo ocurrido a su manera. Mateo fue el primero en retirarse. No tenía ánimo para más preguntas, ni para más miradas cargadas de preocupación.
Salió al jardín trasero, donde el aire fresco de la noche al menos ofrecía algo de calma.
Se sentó en uno de los bancos de madera que su madre había mandado colocar