El gran salón brillaba con una elegancia casi irreal. Las luces cálidas se reflejaban en los ventanales inmensos que daban al mar, y ese mar, profundo y oscuro, parecía guardar secretos que ninguno de los presentes se atrevía a nombrar. Alma se detuvo unos segundos antes de avanzar entre la gente. Su mirada quedó atrapada en el horizonte, en ese mismo mar que alguna vez había sido testigo de promesas, de caricias, de un amor que creyó eterno.
Sintió una punzada en el pecho.
Había un tiempo en e