Mateo no durmió bien.
Desde la noche del mensaje anónimo, algo dentro de él se había activado. Ya no era solo intuición. Era certeza. Laura estaba en el centro de todo… pero no sabía hasta qué punto.
No podía seguir especulando. Necesitaba pruebas. Y para eso, debía acercarse a ella. Ganarse su confianza. Meterse en su juego.
La idea le revolvía el estómago. Pero si quería proteger a Alma… tenía que hacerlo.
…
A la mañana siguiente, Mateo llegó a la empresa más temprano de lo habitual.
El ambie