Alma se quedó sola en el living, con las luces bajas y el eco de la discusión todavía suspendido en el aire. Cuando la puerta se cerró tras Tomás, ya no pudo sostenerse más. Se sentó en el borde del sillón y rompió en llanto, primero contenido, luego profundo, de esos que sacuden el cuerpo entero y dejan la respiración desordenada.
No escuchó los pasos.
Mateo apareció sin anunciarse. Se detuvo al verla así, encogida sobre sí misma, y sintió una punzada seca en el pecho. No dijo nada. No hizo pr