Desde el encuentro con Esteban, algo dentro de Alma no volvió a acomodarse del todo.
No era una sospecha concreta, ni un pensamiento claro. Era más bien una inquietud persistente, una sensación difusa que se colaba en los silencios y la acompañaba incluso en los momentos más rutinarios. Los ojos del niño, la broma de Mateo, la naturalidad con la que Tomás comenzó a hablar de él… el porqué ella no había sabido antes de su existencia, parecía ser un secreto. ¿Por qué Tomás parecía tan cómodo con