El día de la cita había llegado.
Tenzin subía las escaleras de la entrada del edificio con el corazón golpeando suave pero constante, como quien lleva entre manos un secreto que ya no quiere guardar. Llevaba en el bolsillo una flor blanca que había recogido del jardín del dojo. Una tontería, quizás, pero quería dársela a Suzy.
“Algo simbólico”, se decía. “Nada romántica, solo… bonito”.
Tenzin Wan Li llegó como quien sabe exactamente a dónde va y que quiere, aunque por dentro lleve un remolino.