Nunca he tenido novia.
Nunca me han besado… hasta que llegó Suzy.
Y ahora, con la lengua medio suelta y el corazón expuesto, murmuro:
—Soy virgen, Suzy. ¿No te lo había dicho antes?
La veo casi atragantarse. Sé que lo sospechaba, pero decirlo así, de golpe, parece dejarla desarmada.
—¿Y si te digo que no recuerdo? Eso es algo privado. No tenías que decírmelo de igual manera—balbucea.
Pero ya no puedo parar.
—Virgen. Cero. Nada. Nunca. Ni tocado el cielo.
Ella abre los ojos como si hubiera visto