Los niños aún saltaban alrededor de Suzy, gritando emocionados tras la propuesta de Tenzin. Fue uno de esos momentos en los que el alma se siente tan ligera, que ni el aire basta para contenerla.
Tenzin y Suzy se abrazaron entre las risas, los aplausos y los pequeños brazos que los rodeaban como una muralla de ternura.
Pero no todo el mundo compartía esa felicidad.
Dos días después, Suzy estaba sentada en la sala de la casa de sus padres. Su hermano, con los brazos cruzados y el ceño fruncido,