Me quedo con el arma en la mano disparando hacia el cielo. Estoy segura que disparé bien, solo que aún no puedo creer lo que sucedió en menos de un segundo atrás. Las lágrimas quieren empezar a salir, pero la urgencia por ver a Gerardo y desamarrar a Armando son más.
-¡Muy bien campeona, lo hiciste excelente Caro! –me dice Armando quien no ve nada todavía por estar dando la espalda a la puerta, pero confiando en el resultado –ayúdame con este maldito nudo.
Le deshago el nudo y lo libero de sus