Mierda, mierda, mierda. Siento como me falta el aire dentro de la cajuela, la punzada en la cabeza aumentó de intensidad considerablemente y el pulso de mis manos me empieza a fallar.
Después del primer grito que escuchamos, ya no percibimos ningún sonido afuera, el coche sigue en movimiento.
-Gerardo, no... Gerardo –empiezo hablar inconscientemente y en voz baja.
-Caro, cielo, respira... Necesito que te calmes. Te está dando un ataque de pánico. Respira, por favor. Sé que no puedo ayudarte muc