Estoy sentada en la ambulancia, el paramédico está terminando la curación de la herida de bala. Gracias a Dios que el disparo no entró a la piel, solo fue el roce, pero necesito tres puntadas más el vendaje que ya está terminando de colocar. Lamento también que una de mis blusas favoritas termine ahora en un bote de basura.
-¿Caro, estás bien, qué pasó? –escucho la voz agitada de Armando que va entrando a la ambulancia con Gerardo detrás.
-Sí, solo fue un roce de bala. Nada más.
-Mija, hazte