De repente estoy sola en la habitación, deben ser las siete de la mañana apenas. Mauricio se acaba de ir, al parecer llegó un cargamento de alimentos que tiene que recibir. Me dijo que se desocupará pasadas las dos de la tarde, por lo que se despidió de una vez.
-¿Y si te pido que no te vayas? –lo recuerdo en la cama, él ya vestido y yo desnuda bajo las sábanas. La noche estuvo algo agitada, por así decirlo.
-¿En serio?
-O mejor, ¿si nos escapamos a otro lugar, a otro país y nunca regresamos? –p