Armando y yo bajamos las escaleras que conectan a la terraza con la arena y el pie del mar. De ser más temprano, seguramente habría mesas y sillas, pero por ahora no hay nada más que unas pocas luces alrededor.
Se ve romántico, de hecho.
Nos sentamos en la arena, casi tan juntos que podemos tocar nuestros hombros. Sigo callada, ignoro porqué me siento tan introvertida a veces con él. Supongo que me intimida un poco, se ve muy seguro de sí mismo. O eso creo.
-¿Estás segura de hacer esto? –pregun