Llegamos a mi casa, Armando me avisó que podría levantarme pasado el Eje. Desde ahí no hemos cruzado ni una palabra, pero sí noto molesto a mi compañero.
Pasando la puerta, Armando se peina el cabello con los dedos en señal de molestia y desesperación, va caminando en dirección a la cocina pero regresa hacia mí. Me ve, y sus ojos me transmiten miedo e irá.
-¿En qué estabas pensando Carolina? –me pregunta visiblemente molesto –Nos pusiste en un gran riesgo, a mí, a mi informante, a todos los que