Una melodía clásica, suave y envolvente, llenaba el gimnasio. Lionetta se sujetó de la barra de ballet y comenzó con sus calentamientos. Llevó una pierna hacia adelante, luego hacia atrás, mientras inclinaba el torso hacia el frente con elegancia, alargando cada músculo antes de volver a erguirse y desplazar la pierna hacia un costado.
Después de un rato, cambió de posición, variando la rutina. Podía sentir cómo sus músculos comenzaban a desperezarse, a calentarse poco a poco.
Cuando culminó con