Angelo abrió los ojos y le tomó un segundo salir de la bruma del sueño y recordar que no estaba solo. Lionetta estaba recostada a su lado, de espaldas a él. Por su respiración pausada, dedujo que aún dormía.
Durante la noche había comprobado que no era mentira que ella se movía demasiado al dormir. En ningún momento lo había lastimado, pese a que había cambiado de posición constantemente y, en más de una ocasión, se había acercado a él abrazándolo como si fuera una enredadera, algo de lo que él