El olor del café llenaba la cocina cuando Lena revisó el celular. Ana ya había escrito.
Ana: “¿Sobreviviste al día de ayer o te fuiste a vivir a Saturno definitivamente?”
Lena sonrió, a pesar del cansancio que le anclaba los músculos.
Lena: “Mitad Saturno, mitad oficina. Sobrevivo.”
Ana: “Uf, menos mal. Pensé que te habían abducido. Café pronto, ¿sí?”
Dudó antes de responder. Parte de ella quería aislarse; otra, temía que ese aislamiento la terminara por quebrar.
Lena: “Sí, pronto. Prometido.”
F