Al volver al departamento, Lena no esperaba nada diferente a la penumbra habitual. Por eso se detuvo en seco al abrir la puerta: sobre la mesa del comedor, varias velas encendidas lanzaban reflejos temblorosos, tiñendo el aire de un calor inesperado.
—Bienvenida —dijo Javier desde la cocina, con una sonrisa tímida. Vestía camisa blanca, un poco arrugada, y tenía harina en la mejilla.
La escena parecía sacada de otra época. Pan recién horneado, una botella de vino abierta, ensalada con hierbas fr